La encía cumple un papel fundamental en la salud bucodental: protege las raíces de los dientes, mantiene la estabilidad del hueso y forma parte de la estética de la sonrisa. Cuando esta se retrae y deja parte de la raíz al descubierto, hablamos de recesión gingival. Este problema, frecuente en adultos, no solo afecta la apariencia, sino que también puede causar sensibilidad, mayor riesgo de caries radiculares y, en casos avanzados, movilidad dental.
La buena noticia es que existen tratamientos eficaces para recuperar el tejido perdido. Entre ellos, el injerto de encía es una de las soluciones más seguras y duraderas, especialmente cuando la retracción es visible o genera molestias.
Qué es la recesión gingival y por qué ocurre
La recesión gingival se produce cuando el tejido que rodea al diente se retrae, dejando expuesta parte de la raíz. Aunque suele avanzar lentamente, con el tiempo puede generar sensibilidad dental y favorecer la acumulación de placa en zonas de difícil acceso.
Entre las causas más comunes se encuentran:
Cepillado agresivo: aplicar demasiada fuerza o usar cepillos duros desgasta el margen gingival.
Enfermedad periodontal: la inflamación crónica de las encías y del hueso de soporte es una de las principales causas.
Malposición dental: dientes muy hacia fuera o hacia dentro ejercen tensión sobre la encía.
Traumatismos o piercings orales: pueden provocar pequeñas lesiones que, con el tiempo, retraen el tejido.
Factores anatómicos: encías finas o poca cantidad de encía queratinizada predisponen a la retracción.
Bruxismo y tensión muscular: la presión constante sobre los dientes también puede contribuir.
Cuando el origen está relacionado con la enfermedad periodontal, el tratamiento de base pasa por controlar la inflamación mediante una limpieza profesional y mantenimiento: por qué no basta con el cepillado.
Cuándo se recomienda un injerto de encía
No todas las recesiones requieren cirugía. En los casos leves, el tratamiento suele centrarse en mejorar la técnica de cepillado y en evitar la progresión. Sin embargo, cuando la raíz expuesta provoca sensibilidad, caries radiculares o un problema estético visible, el injerto de encía se convierte en la mejor opción.
Este procedimiento también se indica cuando el paciente va a iniciar un tratamiento de ortodoncia o de rehabilitación con implantes y se necesita reforzar el tejido para garantizar estabilidad.
Tipos de injertos gingivales
Existen distintas técnicas según el tipo de recesión y la cantidad de tejido disponible:
Injerto de tejido conectivo subepitelial: es el más común. Se toma una fina capa del paladar del propio paciente y se coloca sobre la zona retraída, cubriéndola por completo.
Injerto libre de encía: se utiliza cuando se necesita aumentar el grosor del tejido. Se extrae también del paladar, pero con una capa más superficial.
Injertos con materiales biocompatibles o matrices dérmicas: una alternativa para quienes prefieren evitar la extracción de tejido del paladar.
En todos los casos, la finalidad es la misma: cubrir la raíz expuesta, reforzar el tejido y crear una barrera estable frente a futuras retracciones.
Cómo es el procedimiento

El injerto de encía se realiza con anestesia local y suele durar entre 45 y 90 minutos, según la extensión del área a tratar. El odontólogo o periodoncista prepara la zona receptora, coloca el injerto y lo fija con puntos muy finos. Finalmente, se protege la zona con un apósito o una férula blanda que ayuda a mantener la estabilidad del injerto durante los primeros días.
Tras la intervención, el paciente puede notar una leve molestia o inflamación, especialmente si el tejido se ha tomado del paladar. Estas sensaciones son temporales y mejoran en pocos días con analgésicos y antiinflamatorios. Aplicar frío local puede aliviar las molestias, y en este punto resulta útil una bolsa para hielo reutilizable, que permite reducir la hinchazón sin riesgo de quemar la piel:
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Cuidados posteriores
La fase de recuperación es clave para el éxito del injerto. Durante la primera semana, se recomienda evitar cepillar directamente la zona intervenida y seguir una dieta blanda y templada. También conviene no fumar ni realizar ejercicio intenso los primeros días.
Entre las indicaciones más habituales destacan:
Mantener una higiene cuidadosa con cepillos suaves y movimientos controlados.
No enjuagarse con fuerza durante las primeras 24 horas.
Aplicar el tratamiento farmacológico prescrito (analgésicos, antiinflamatorios o antibióticos).
Utilizar un colutorio sin alcohol con efecto antiséptico, que mantenga la zona limpia sin irritar los tejidos:
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A partir de la segunda semana, el dentista evaluará si ya puede reanudarse el cepillado normal. En algunos casos, puede recomendar el uso de un irrigador bucal a baja presión para eliminar restos de alimentos sin dañar el injerto, especialmente útil en pacientes con sensibilidad o retracciones previas.
Resultados y pronóstico
El resultado de un injerto de encía suele ser muy satisfactorio tanto desde el punto de vista funcional como estético. En la mayoría de los casos, el tejido injertado se integra perfectamente y recupera su color y textura naturales. Además de mejorar la apariencia, el paciente nota una disminución significativa de la sensibilidad y una mayor comodidad al cepillarse.
El éxito a largo plazo depende en gran medida del cuidado posterior. Una buena técnica de higiene, revisiones periódicas y evitar hábitos como el cepillado agresivo o el tabaco son fundamentales para mantener los resultados.
En algunos pacientes con predisposición a la retracción, el especialista puede aconsejar férulas nocturnas o tratamientos complementarios, tal como explicamos en el artículo sobre férulas de descarga para bruxismo: tipos, adaptación y cuidados.
Cuándo acudir al dentista
Es recomendable acudir al dentista si se nota que los dientes parecen más largos, si hay sensibilidad persistente o si la línea de la encía cambia de forma visible. Cuanto antes se diagnostique la recesión, más fácil será corregirla y evitar tratamientos más invasivos.
El odontólogo valorará si basta con un seguimiento o si es necesario un injerto. En algunos casos, combinar la cirugía con una mejora en la técnica de higiene y el control del bruxismo puede evitar que el problema vuelva a aparecer.
Conclusión
La recesión gingival es un problema frecuente, pero tratable. Detectarla a tiempo y actuar con el tratamiento adecuado permite conservar tanto la salud de las encías como la estética de la sonrisa.
El injerto de encía ofrece una solución estable y duradera para proteger las raíces dentales y prevenir nuevas retracciones. Con los cuidados adecuados y revisiones periódicas, los resultados se mantienen durante años, devolviendo no solo la salud, sino también la confianza al sonreír.
Autor:
Staff
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